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miércoles, 6 de marzo de 2013

El mito de Baubo, La Diosa de la risa curativa


Deméter, la madre tierra, tenía una hermosa hija llamada Perséfone que un día estaba jugando en un prado. De pronto, Perséfone tropezó con una preciosa flor y alargó las puntas de los dedos para acariciar su bella corola. Súbitamente el suelo empezó a estremecerse y un gigantesco zigzag rasgó la tierra. De las profundidades de la tierra surgió Hades, el dios de Ultratumba. Era alto y poderoso y permanecía de pie en un carro negro tirado por cuatro caballos de color espectral.


Hades agarró a Perséfone y la atrajo a su carro en medio de un revuelo de velos y sandalias. Después los caballos se precipitaron de nuevo al interior de la tierra. Los gritos de Perséfone son cada vez más débiles a medida que se iba cerrando la brecha de la tierra como si nada hubiera ocurrido.

Los gritos y el llanto de la doncella resonaron por todas las piedras de las montañas y subieron borbotando en un acuático lamento desde el fondo del mar. Deméter oyó gritar a las piedras. Oyó los gritos del agua. Después un pavoroso silencio cubrió toda la tierra mientras se aspiraba en el aire el perfume de las flores aplastadas.

Arrancándose la diadema que adornaba su inmortal cabello y desplegando los oscuros velos que le cubrían los hombros, Deméter voló sobre la tierra como un ave gigantesca, buscando y llamando a su hija.

Aquella noche una vieja bruja les comentó a sus hermanas junto a la entrada de su cueva que aquel día había oído tres gritos: uno era el de una voz juvenil lanzando alaridos de terror; otro, una quejumbrosa llamada; y el tercero, el llanto de una madre.

No hubo manera de encontrar a Perséfone y así inició Deméter la búsqueda de su amada hija a lo largo de vanos meses. Deméter estaba furiosa, lloraba, gritaba, preguntaba, buscaba en todos los parajes de la tierra por arriba, por abajo y por dentro, suplicaba compasión y pedía la muerte, pero, por mucho que se esforzara, no conseguía encontrar a su hija del alma.

Así pues, ella, la que lo hacía crecer todo eternamente, maldijo todas las tierras fértiles del mundo, gritando en su dolor: “¡Morid! ¡Morid! ¡Morid!” A causa de la maldición de Deméter ningún niño pudo nacer, no creció trigo para amasar el pan, no hubo flores para las fiestas ni ramas para los muertos. Todo estaba marchito y consumido en la tierra reseca y los secos pechos.

La propia Deméter ya no se bañaba. Sus túnicas estaban empapadas de barro y el cabello le colgaba en enmarañados mechones. A pesar del terrible dolor de su corazón, no se daba por vencida. Después de muchas preguntas, súplicas e incidentes que no habían dado el menor resultado, la diosa se desplomó junto a un pozo de una aldea donde nadie la conocía. Mientras permanecía apoyada contra la fría piedra del pozo, apareció una mujer, más bien una especie de mujer, que se acercó a ella bailando, agitando las caderas como si estuviera en pleno acto sexual mientras sus pechos brincaban al compás de la danza. Al verla, Deméter no pudo por menos de esbozar una leve sonrisa.

La bailarina era francamente prodigiosa, pues no tenía cabeza, sus pezones eran sus ojos y su vulva era su boca. Con aquella deliciosa boca empezó a contarle a Deméter unas historias muy graciosas. Deméter sonrió, después se rió por lo bajo y, finalmente, estalló en una sonora carcajada. Ambas mujeres, Baubo, la pequeña diosa del vientre, y la poderosa diosa de la Madre Tierra Deméter se rieron juntas como locas.

Y aquella risa sacó a Deméter de su depresión y le infundió la energía necesaria para reanudar la búsqueda de su hija y, con la ayuda de Baubo, de la vieja bruja Hécate y del sol Helios, consiguió finalmente su objetivo. Perséfone fue devuelta a su madre. El mundo, la tierra y los vientres de las mujeres volvieron a crecer.

Mujeres que corren con lobos
Clarissa Pinkola Estés

miércoles, 20 de febrero de 2013

Invocación a Kwan Yin



Yo te invoco Gran Bodhisatva de Compasión… 
Divina Diosa Madre de Misericordia y Sanación…
Joya en el Loto anclada en mi corazón…
Yo te invoco Namo Kwan Shih Yin P’u-sa…


Ven a mi, y libérame de la pena, de la angustia y del temor…

Ven a mi, y lléname de los milagrosos poderes de sanación y amor…
Ven a mi, poseedora de la Gloria Divina, y bendíceme con tu alegría, tu paz, tu belleza y tu perdón…

Gran Señora Celestial… portadora de la Sagrada Llama Violeta transmutadora…
Rocía sobre mí tus bendiciones eternas…
Para que así, pueda despertar al fin, a mi compasión, mi aprobación, mi protección y mi perdón infinitos…

Gracias Amada Encarnación de la Pureza inmaculada, por abrir las puertas de sanación a mi corazón…

¡¡¡ Bienvenidas seas Divina Dama Luminosa !!!



Erika Falcón.
Sacerdotisa de la Diosa

martes, 19 de febrero de 2013

La Bendición de la Madre Kwan Yin


Hoy, 19 de Febrero, se festeja en toda China, el cumpleaños de la Bodhisattva de la compasión, la amorosa Madre Kwan Yin. Que derrame sus bendiciones sobre tod@s nosotr@s! Que así sea! Así es! Hecho esta!
Erika Falcón.
Sacerdotisa de la Diosa.

Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos...
Que el viento sople a tus espaldas...
Que el sol brille cálido sobre tu rostro...
Que la lluvia caiga suavemente sobre tus hombros...
Que todo Don de Dios crezca en ti,
y te ayude a llevar la alegría a los corazones de cuantos amas...
Y hasta que volvamos a encontrarnos...
la Madre Kwan Yin te guarde en el Loto de su corazón!